11:57 am, samnbk
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Ay, Peggy. Me partió esta escena. Lloré. Cuando él le besa la mano y ella se muerde, se contiene. La emancipación. No es el dinero. No es venganza. Es crecimiento. Qué camino el de Peggy. Y, sí: todo nació el día que Don la rechazó. Este es un caso de la suerte de la fea. Sí: existe una discriminación hacia las mujeres. Pero no es lo mismo una mujer de clase alta, que una de clase baja. Una blanca que una negra. Y, de forma importante: una sensual, guapa, enteramente femenina, a una que es torpe con su sexualidad. (Recuerdo a MacKinnon y su insistencia en la unión entre el género y la sexualidad). Todo el primer episodio está dedicado a escrutinar a Peggy: lo primero que le señala Joan –ay, Joan– es todo lo que le falta físicamente. Es el escrutinio feroz. ¿Por qué no enseñas más? ¿Por qué no te arreglas más? ¿Por qué no te maquillas más? Y no sólo proviene de los hombres –la primera vez que vemos a Peggy es en el elevador con “los chicos”, comiéndosela de forma cínica, haciéndole saber “quiénes mandan”–, sino de las mismas mujeres. (Por eso la relación entre Joan y Peggy es tan importante. Bueno: y entre Peggy y Joan y Betty. Entre todas.) Pero fue esa insuficiencia, esa torpeza, ese recato lo que la salvó: Don la rechazó. Fue solo quitando al sexo de en medio que ella pudo florecer. (Y esto es lo que la distinguió de Megan. Megan se tornó importante en el momento en el que le dijo a Peggy que quería ser como ella. Pero se separaron, irremediablemente, cuando Megan se acostó con Don. Ahí se convirtió en la esposa. Si bien una versión más liberada que Betty, pero en la esposa, en la mujer.) Peggy se convirtió en mujer, siendo hombre. Por eso el beso es tan desgarrador. Pero, dado el contexto, no es que quede reducida a solo mujer (que, en esta época, sigue siendo denigrante, degradante: ser mujer, ser la nada, ser cuerpo, ser invisible, ser irrelevante). Es la nueva mujer. La persona. La trabajadora. La que puede ser todo a la vez. (No hay que olvidar que tiene a un hombre en casa; si bien es uno que, según condena su madre, quizá sólo la esté usando para cuando llegue la verdadera mujer). La esperanza. La emancipación. Ay. 

Ay, Peggy. Me partió esta escena. Lloré. Cuando él le besa la mano y ella se muerde, se contiene. La emancipación. No es el dinero. No es venganza. Es crecimiento. Qué camino el de Peggy. Y, sí: todo nació el día que Don la rechazó. Este es un caso de la suerte de la fea. Sí: existe una discriminación hacia las mujeres. Pero no es lo mismo una mujer de clase alta, que una de clase baja. Una blanca que una negra. Y, de forma importante: una sensualguapaenteramente femenina, a una que es torpe con su sexualidad. (Recuerdo a MacKinnon y su insistencia en la unión entre el género y la sexualidad). Todo el primer episodio está dedicado a escrutinar a Peggy: lo primero que le señala Joan –ay, Joan– es todo lo que le falta físicamente. Es el escrutinio feroz. ¿Por qué no enseñas más? ¿Por qué no te arreglas más? ¿Por qué no te maquillas más? Y no sólo proviene de los hombres –la primera vez que vemos a Peggy es en el elevador con “los chicos”, comiéndosela de forma cínica, haciéndole saber “quiénes mandan”–, sino de las mismas mujeres. (Por eso la relación entre Joan y Peggy es tan importante. Bueno: y entre Peggy y Joan y Betty. Entre todas.) Pero fue esa insuficiencia, esa torpeza, ese recato lo que la salvó: Don la rechazó. Fue solo quitando al sexo de en medio que ella pudo florecer. (Y esto es lo que la distinguió de Megan. Megan se tornó importante en el momento en el que le dijo a Peggy que quería ser como ella. Pero se separaron, irremediablemente, cuando Megan se acostó con Don. Ahí se convirtió en la esposa. Si bien una versión más liberada que Betty, pero en la esposa, en la mujer.) Peggy se convirtió en mujer, siendo hombre. Por eso el beso es tan desgarrador. Pero, dado el contexto, no es que quede reducida a solo mujer (que, en esta época, sigue siendo denigrante, degradante: ser mujer, ser la nada, ser cuerpo, ser invisible, ser irrelevante). Es la nueva mujer. La persona. La trabajadora. La que puede ser todo a la vez. (No hay que olvidar que tiene a un hombre en casa; si bien es uno que, según condena su madre, quizá sólo la esté usando para cuando llegue la verdadera mujer). La esperanza. La emancipación. Ay. 

(Source: wanderadmiration)


10:17 am, samnbk
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Si tenemos buenas madres tendremos buenos ciudadanos; y por esta razón la ley ha querido dar a la mujer una instrucción especial […], pues solamente así podrá, cuando sea madre, formar hombres útiles a sí mismos y a sus semejantes, y buenos e ilustrados ciudadanos que sirvan a la patria con lealtad y abnegación.
Martínez de Castro, 1868 (citado aquí)

10:25 am, samnbk
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(Source: knuen)


10:37 pm, samnbk
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Se alega que hay que hacer justicia a la mujer dándole los derechos políticos que no ha tenido. Yo diría que la mujer mexicana tiene toda la justicia grandiosa que ha necesitado y debido tener. La mujer mexicana, la madre mexicana es la que forma el corazón del niño, es la que educa su espíritu, es la que le imparte su religión, y eso es una gran cosa en una sociedad. El hombre no tiene esas misiones en el hogar, ni puede tenerlas, porque sus ocupaciones públicas le impiden dedicar su tiempo a estas cuestiones. La mujer mexicana maneja los dineros del hogar. Por último, influye extraordinariamente en su marido. ¿Qué más quiere tener la mujer mexicana? Yo recuerdo una frase de Luis Cabrera, que dice: “Los maridos estamos divididos en dos grupos: los que confiesan que sus mujeres los mandan y los que lo disimulan.” (Risas.) Y todavía se viene a decir que es necesario, forzoso, darles los derechos políticos absolutos para hacerles justicia.
Senador Aquiles Elorduy, al discutir la reforma al artículo 34 constitucional para incluir a las mujeres en la definición de la ciudadanía 

03:01 pm, samnbk
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Sólo la mujer

Senador Lauro Caloca, al discutir la reforma al artículo 34 constitucional por medio de la cual se le reconoció a la mujer la ciudadanía en 1953:

Yo, señores, confieso que soy del siglo pasado; tanto que para que mi novia, la que es hoy mi mujer, me dijera que “no”, tuve que darle trescientas cartas. (Risas.) Y después tuve que darle cuatrocientas para que me dijera que “sí”. Y cuando, ya unimos nuestros destinos, entonces recorrimos juntos los campos de batalla. ¡Cuánto sufrió por los caminos de esta Patria! Los dos recorrimos los polvos de ella, en los ventanales, siempre al son de nuestra esperanza rubricada por un clarín de la madrugada. Esa es nuestra mujer, esa que ha corrido con nosotros todos los senderos de la vida de esta Patria. Luego se dice que la mujer, que la “canasta”… La canasta la juegan dos o tres ricachonas desocupadas. Las campesinas no saben de canastas. (Aplausos.) La campesina ignora lo que es el conquián, los tatemados, los albures. Sólo sabe de paisajes en flor, de grandes alboradas. Ella, con el hombre de campo rompe esas páginas inmortales que se llaman barbechos; cuida del surco al depositar la semilla en él, prolonga el milagro de los milagros, o sea la germinación. Decir que no sirve, ¿cómo? cuando va por los campos cantando solita tras de los hombres llenos de entusiasmo. ¡Cómo no le vamos a dar su derecho para que vote! Si ella es la única que puede, salvarnos, si ella tiene todo cuando llegamos al hogar. Como dijo Elorduy recordando lo de Cabrera: unos confiesan que los mandan las mujeres y otros que no lo confiesan; yo, señores, soy de los que confiesan (Risas.)

Señores Senadores: En este siglo místico por tantas inquietudes y por tantas zozobras, en esas mujeres está el porvenir de la humanidad. Algunas veces decía yo desde esta tribuna que existe en el mundo un malestar tremendo, y lo mismo lo padece el rico que el pobre; no hay alegría suficiente en este mundo. No importa la Nochebuena, ni el baile, ni el matrimonio. Siempre tenemos una inquietud, una zozobra que nos ha dejado el siglo XX, el siglo de las grandes tragedias, siglo que no tiene comparación. Si volvemos para atrás podemos toparnos con el siglo de los Borgia, el cual resulta una caricatura comparado con este siglo de dolor y de penas. ¿Quién pudiera crear la escuela del sacrificio para vivir con valor, para vivir con misticismo, para vivir con apostolado esa gran pena que pesa sobre la humanidad? Solamente la mujer, solamente ella, porque la mujer tiene esa gran ventaja la tiene para su disposición, la filosofía del corazón y la filosofía del cerebro. Dos filosofías que no tenemos nosotros. Nosotros somos el machismo arrancado por ellas en momentos de celo, pero después no valemos ni cuartilla. Ella es la autora de todo.

Luego creemos que es un peligro para nuestras instituciones y para nuestro proceso histórico su manera de pensar. La mujer del hogar piensa como piensa porque no la hemos sacado de allí. A través de los siglos se ha encariñado con la aguja; se ha encariñado con la bola de hilo, se ha encariñado con la recámara; pero saquémosla de allí y pongámosla en contacto con los grandes problemas sociales y entonces veremos cómo se adelanta inmediatamente, cómo a esa mujer del hogar a quien le decimos que es retrógrada, conservadora y retardataria, la veremos en las primeras filas, posiblemente en la izquierda mejor que nosotros. (Aplausos.) Sí, porque ella tiene en su corazón más trayectorias y más sensaciones luminosas. La mujer, cuando va para abajo, llega a donde no llega el hombre, pero también cuando va para arriba llega hasta la santidad, hasta el sacrificio, a donde no llegamos nosotros. Pongamos en ese sacrificio, en ese camino de triunfo a la mujer mexicana.


02:41 pm, samnbk
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Hoy se ha cubierto de gloria esta tribuna. De gloria, porque se ha paseado por el pensamiento más sano de la República y, segundo, porque llegamos nada menos que a la mujer mexicana. Aquí podría decir, señores, que voy a empezar desde Cornelia hasta la Adelita. Aquella Cornelia, hermosa romana, que, cuando todas las mujeres exhibían joyas y le preguntaron: “¿dónde están las tuyas?”… corrió hasta sus hijos los Escipiones para responder: “¡Aquí están mis joyas!” Lo mismo para decir aquella Adelita: “me marcho con los nuestros”. (Aplausos.)
Senador Lauro Caloca, discutiendo la iniciativa de reforma al artículo 34 constitucional de 1953

02:39 pm, samnbk
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(Source: menino-levado)


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(Source: dailyp0rn)


12:40 pm, samnbk
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[La lucha por el voto] palpita en las mujeres y en nosotros, no de dos o tres días hace, sino de años y años. ¿Por qué […]? ¿Quién que llega a la casa no encuentra, el momento de política, a la mujer preparada para discutir sobre el tema? Muchas veces he dicho aquí que la política es pegajosa; argüendera; chismosa, entrometida. Pero, claro, tomándolo así es superficial… De otro modo la política es la ciencia de gobernar bien a un país. Luego con todas esas características, cuando estamos en política ¿en qué casa no se habla de política? Y cuando se habla de política la única verdad que prevalece ahí, parece mentira, es la de la esposa, es la de la hija o es la de la hermana. Ahí es donde labramos y confirmamos todo nuestro criterio ciudadano, nuestro criterio cívico. No hay que temer lo que se dice: que la mujer está perdida. Mentira, no está perdida: está en su puesto, está jugando su propio destino. ¿Por qué? Porque la mujer, en el campo, en el taller, en el laboratorio, en el banco, en la Universidad, está viviendo y labrando su propio destino. En el hogar, reducto de su gran pureza, o sea la virtud del espíritu, cultiva su convicción de mujer, es decir, sueña en una Patria mejor.
Senador Lauro Caloca, al discutir la iniciativa para reformar el artículo 34 constitucional en 1953

11:18 am, samnbk
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El masculino no es universal

El C. Díaz Ordaz, al discutir la iniciativa de reforma constitucional al artículo 115 para permitir que las mujeres votaran y fueran votadas a nivel municipal:

En varias ocasiones he leído opiniones –y las he oído a algunos amigos– sobre la posibilidad jurídica de que la mujer, en México, sin necesidad de reforma alguna a la Constitución, pudiera votar, ya que de los textos constitucionales se desprende su capacidad para ello. Yo estimo que la opinión contraria es la acertada.

Es cierto que el texto constitucional no hace distinción alguna al fijar los requisitos para obtener la ciudadanía mexicana; no se refiere con especialidad, en forma expresa, a los varones, para hacer a un lado a la mujer en forma explícita. De su simple interpretación gramatical más bien podría llegarse a la conclusión distinta: no se refiere solamente a los varones y, a primera vista, parece que incluyendo al varón, incluye a la mujer; pero de las mismas palabras que usó el constituyente se desprende que ello no es cierto. Por regla general cuando en una forma genérica que se usa inclusive –atinada y frecuentemente- se trata de abarcar en una sola expresión a personas o cosas de distinto sexo, la forma correcta consiste precisamente en el masculino que usa nuestra Constitución. Pero, si nos remontamos a la época en que estas disposiciones fraguaron el pensamiento humanista -“distingue tempora et habebitis jure”, decían los antiguos juristas romanos- vamos a distinguir el tiempo y encontraremos la verdadera interpretación del derecho.

¿Alguno de ustedes considera -ya no quiero remontarme más allá- que en el año de 1857, cuando plasmaron en esa Constitución los mismos preceptos que se reproducen en la de 17, hubieran ya cuajado, cristalizado en el pensamiento de los hombres las ideas feministas? Desde luego que no. Entonces quiere decir que, ante la duda en que nos deja la interpretación gramatical, viene a decidir el caso precisamente la interpretación tradicional y aun un indicio de interpretación racional. Si vemos que entre las prerrogativas del ciudadano es decir, del varón, como se le concibe en la época en que fué redactada la Constitución- figuran precisamente la de ir a la guerra, la de alistarse en la Armada y en el Ejército Nacional, advertiremos que esas funciones, hasta ahora, no han sido consideradas propias de la mujer. Quizás dentro de pocos años sea esto ya natural para nosotros; hasta el momento, sin embargo, todavía no ha sido una función natural de la mujer el Ir a la guerra y alistarse en la Armada.

De esta sucinta Interpretación jurídica se concluye que el texto constitucional no comprende a la mujer como ciudadano mexicano; es solamente el varón al que se refiere. Entonces, para que pueda tener las prerrogativas del ciudadano, es absolutamente indispensable una reforma que así lo establezca.


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01:31 am, samnbk
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12:44 am, samnbk
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(via @bestiecilla)

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05:32 pm, samnbk
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Igualdad de género en el trabajo

En el último Foro Económico Mundial, celebrado del 26 al 29 de enero de 2011, quedó  plenamente establecida  la correlación directa entre la brecha de género y la competitividad  de las economías de la región. Esta conclusión ha sido reafirmada por el Banco Mundial en  el recién publicado Informe sobre el Desarrollo Mundial 2012 sobre Igualdad de Género  y Desarrollo (WDR 2012). 

Los países que tienen una mayor igualdad entre mujeres y hombres son más productivos,  tienen mayores niveles de crecimiento económico, instituciones más representativas y  mejores resultados de desarrollo para las próximas generaciones.  El mensaje es sencillo:  la igualdad de género –más allá de ser en si mismo un derecho humano y un objetivo de  desarrollo– es una política económica inteligente.

La participación de las mujeres en la fuerza laboral en América Latina y el Caribe  ha  pasado de un 36% en 1980 al 52% en 2009 (WDR 2012) y ha permitido a las mujeres  incrementar su autonomía económica. Sin embargo, las mujeres -particularmente las mujeres pobres- entran al mercado laboral en condiciones de desigualdad y de desprotección marcadas por el subempleo, la inestabilidad, la falta de cobertura de la seguridad social y los bajos ingresos.

Las mujeres perciben entre el 90% y el 60% del ingreso medio de los hombres. Al mismo tiempo, el porcentaje de mujeres jefas de hogar ha pasado del 22% en 1990 al 31% en 2008 (Naciones Unidas, 2010). Las mujeres dedican mayor tiempo que los hombres a actividades no remuneradas tradicionales a sus roles, por ejemplo, 86% en Guatemala, 81% en Costa Rica y 74% en México y Uruguay (WDR 2012). Para muchas mujeres la  carga de trabajo no remunerado imposibilita su entrada al mercado laboral.  Esto es  de particular relevancia para las mujeres pobres que no tienen acceso a educación o autonomía reproductiva.

El trabajo decente requiere la eliminación de estas desigualdades de género y la creación  de condiciones en las cuales todas las mujeres puedan ejercer plenamente su ciudadanía  económica. Para ello, resulta imprescindible la incorporación de medidas y la generación de oportunidades para las mujeres en los planes y políticas laborales y de empleo.

- Del documento de la OEA sobre “Avance de la igualdad de género en el marco del trabajo decente


03:38 pm, samnbk
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that’s hot.

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(Source: will100)