Ay, Peggy. Me partió esta escena. Lloré. Cuando él le besa la mano y ella se muerde, se contiene. La emancipación. No es el dinero. No es venganza. Es crecimiento. Qué camino el de Peggy. Y, sí: todo nació el día que Don la rechazó. Este es un caso de la suerte de la fea. Sí: existe una discriminación hacia las mujeres. Pero no es lo mismo una mujer de clase alta, que una de clase baja. Una blanca que una negra. Y, de forma importante: una sensual, guapa, enteramente femenina, a una que es torpe con su sexualidad. (Recuerdo a MacKinnon y su insistencia en la unión entre el género y la sexualidad). Todo el primer episodio está dedicado a escrutinar a Peggy: lo primero que le señala Joan –ay, Joan– es todo lo que le falta físicamente. Es el escrutinio feroz. ¿Por qué no enseñas más? ¿Por qué no te arreglas más? ¿Por qué no te maquillas más? Y no sólo proviene de los hombres –la primera vez que vemos a Peggy es en el elevador con “los chicos”, comiéndosela de forma cínica, haciéndole saber “quiénes mandan”–, sino de las mismas mujeres. (Por eso la relación entre Joan y Peggy es tan importante. Bueno: y entre Peggy y Joan y Betty. Entre todas.) Pero fue esa insuficiencia, esa torpeza, ese recato lo que la salvó: Don la rechazó. Fue solo quitando al sexo de en medio que ella pudo florecer. (Y esto es lo que la distinguió de Megan. Megan se tornó importante en el momento en el que le dijo a Peggy que quería ser como ella. Pero se separaron, irremediablemente, cuando Megan se acostó con Don. Ahí se convirtió en la esposa. Si bien una versión más liberada que Betty, pero en la esposa, en la mujer.) Peggy se convirtió en mujer, siendo hombre. Por eso el beso es tan desgarrador. Pero, dado el contexto, no es que quede reducida a solo mujer (que, en esta época, sigue siendo denigrante, degradante: ser mujer, ser la nada, ser cuerpo, ser invisible, ser irrelevante). Es la nueva mujer. La persona. La trabajadora. La que puede ser todo a la vez. (No hay que olvidar que tiene a un hombre en casa; si bien es uno que, según condena su madre, quizá sólo la esté usando para cuando llegue la verdadera mujer). La esperanza. La emancipación. Ay.

(Source: wanderadmiration)






